8 hábitos de gratitud que pueden transformar tu vida

“La gratitud da sentido al pasado, trae paz al presente y llena de optimismo el futuro”

 

Practicar el agradecimiento puede cambiar la forma en la que ves la vida. Un estudio de la UCLA (Universidad de California) afirma que, ser agradecido cambia la estructura molecular de tu cerebro, ya que mantiene activa la materia gris, convirtiéndote en una persona más saludable y feliz. Cuando sientes felicidad, el sistema nervioso central se ve afectado positivamente y como consecuencia te conviertes en un individuo más pacífico, menos reactivo y más resiliente.

El estudio de gratitud, realizado por Robert A. Emmons y su colega Mike McCullough, a los participantes, asignados al azar, les dieron tres tareas distintas. Todos llevaban un diario semanal: un grupo describía las cosas por las que sentían agradecimiento, otro explicaba todo aquello que les fastidiaba y el último grupo hacía un seguimiento de los eventos neutrales. Al cabo de diez semanas, los participantes en el grupo de gratitud se sentían un 25 por ciento mejor que los otros grupos, reportaron menos problemas de salud y rendían un promedio de 1,5 horas más en el trabajo. Además, los participantes que completaron ejercicios de gratitud cada día ofrecieron, de media, más apoyo emocional a otras personas que las del resto de grupos.

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Hasta aquí algunas de las razones para expresar gratitud con mayor frecuencia. Pero no es tan fácil como parece. Habrás notado que, aunque siempre suele haber algo por lo que sentir gratitud, el cerebro no es especialmente sensible a este sentimiento. Habitualmente tiende a pasar por alto todas las buenas personas, oportunidades, eventos y otras cosas positivas en nuestras vidas. Esto es así porque la mente humana tiene un «sesgo de negatividad» natural, conocido como el efecto negativista, que permite que las cosas negativas (experiencias, pensamientos, emociones, etc.) tengan un mayor impacto psicológico que las positivas.

Esta tendencia natural que tenemos todos y que, según el temperamento de cada cual será más o menos acusada se puede invertir. Podemos vencer ese sesgo de negatividad o al menos, obtener una visión más equilibrada de las cosas para mejorar nuestro bienestar. Cultivar la gratitud es una de las mejores herramientas. La buena  noticia es que la gratitud es una habilidad que se puede entrenar.

 

Hábitos de gratitud

  1. Agradecer convierte lo que tienes en suficiente.

Con demasiada frecuencia ponemos el foco en aquello que nos falta y olvidamos agradecer lo que tenemos. Entramos en la maliciosa espiral del “más” más dinero, más éxito, más amigos, más rápido, más joven, más… sin darnos cuenta de que esa manera de actuar nos condena a una insatisfacción vital crónica. Concéntrate en lo que te falta y nunca tendrás bastante, y si no tienes bastante, no podrás ser feliz. Por contra, quien pone el foco en lo que tiene y aprende a agradecerlo, vive como si lo tuviera todo.

  1. Ser feliz puede no hacerte agradecido, pero ser agradecido te hará feliz.

No es la felicidad lo que nos hace agradecidos; es la gratitud lo que nos hace felices. Todos conocemos personas que tienen todo lo necesario para ser felices, y sin embargo no lo son, simplemente porque no están agradecidas por lo que tienen. Por otro lado, todos conocemos personas que son poco afortunadas, y sin embargo irradian alegría, simplemente porque aun en medio de su necesidad son agradecidas.

Además, agradecer requiere una disposición neuronal incompatible con el mal humor, es casi imposible apreciar un momento y fruncir el ceño a la vez.

  1. La gratitud fomenta el verdadero perdón.

Los días buenos te dan felicidad y los días malos te dan lecciones. Ambos son necesarios. Todas las cosas te han hecho avanzar, debes incluirlas en tu agradecimiento. Esto es especialmente cierto en las relaciones. Todas las personas que pasan por tu vida tienen algo que enseñarte.

No tiene sentido condenar o arrepentirse de una lección de vida importante. Todo aquello que sucede en nuestras vidas lleva implícito un aprendizaje, incluso aquellas experiencias que resultaron dolorosas. El mejor remedio para ese dolor es, cuando llegue el momento, perdonar, y que mejor manera de hacerlo que expresando nuestro agradecimiento por el aprendizaje obtenido con un “gracias por esta experiencia”

  1. No basta expresar gratitud, hay que vivirla.

Lo más importante no es lo que dices, es cómo lo vives. No te limites a hablar de gratitud, practícala. No te limites a prometer, demuestra tu gratitud. Cada día tienes múltiples oportunidades de agradecer, hazlo.

  1. La gratitud incluye devolver.

Vivimos tan deprisa que apenas nos damos cuenta de que recibimos mucho más de lo que damos, y la vida no puede ser plena sin esa gratitud. Es importante no sobreestimar nuestros esfuerzos en comparación con lo que los demás hacen por nosotros. Si te detienes un instante comprobarás cuantas cosas dignas de agradecimiento suceden cada día a tu alrededor.

  1. Despréndete del control.

A veces damos demasiada importancia a controlar cada aspecto minúsculo de nuestras vidas, lo que nos hace perder el rumbo. Olvidamos que la vida es una gran aventura y no un viaje organizado. Aprende a dejarte llevar, relájate un poco y viaja por el camino por el que la vida te lleva. Experimenta algo nuevo, no tengas miedo, pero por encima de todo, sé tu mejor versión y siéntete orgulloso de ello. Limpiar tu vida de expectativas innecesarias te permitirá experimentar lo inesperado. Y las mayores alegrías de la vida son las que no se esperan. La vida debería ser vivida con más gratitud y menos actitud.

  1. El mayor homenaje a las personas que has perdido no es el dolor, es la gratitud.

Sólo porque algo no haya durado para siempre no significa que no fuera un regalo increíble. Muchos de los procesos más traumáticos de nuestra vida requieren de un periodo de duelo, pero una vez concluida esa fase, la mejor forma de abordar su recuerdo es el agradecimiento. Estar agradecido de que vuestros caminos se juntaran y tuvierais la oportunidad de experimentar algo maravilloso. Pocas cosas me han hecho tanto bien como dejar de sufrir por el fallecimiento de mis padres y comenzar a agradecer la inmensa fortuna de haber convivido con ellos y de lo orgulloso que estoy de ser parte de su familia.

  1. La gratitud se vive en presente.

Párate y observa. Respira profundamente. Aquí y ahora. A menudo olvidamos que el mayor milagro no es caminar sobre el agua. El milagro más grande es caminar en esta tierra verde y viva en el momento presente, apreciarlo y sentirse completamente vivo.

Haz paseos de gratitud, céntrate en las cosas que ves, en las que sientes. Aprecia el máximo de detalles de todo lo que te rodea. Hay más belleza en el camino de la que ningún destino te pueda ofrecer. El día que lo interiorizas comienzas a caminar como si besaras la tierra con tus pies

Q*

Juanma Quelle

Coach ejecutivo y de personajes públicos. Speaker internacional y escritor.