Mi proposición sin preposición. Nos pasamos la vida aplazando la felicidad. Pensando que la encontraremos en el siguiente lugar, el próximo trabajo o con la siguiente pareja, sin darnos cuenta de que mientras sigamos creyendo que la felicidad está en otro lugar, nunca estará́ donde nosotros nos encontramos ahora.

¿Creo en el destino o creo el destino? Mi proposición, sin preposición.

Todos nos hemos repetido alguna vez frases como “cuando acabe la carrera”, “cuando los termine de pagar el piso, el coche” “cuando los niños sean grandes” o la más terrible de todas, “cuando me jubile”.  ¿Qué beneficio podemos obtener de seguir aplazando la felicidad?

Puede que no hayamos pensado en ello, pero quizá ese beneficio radique en el hecho de no hacernos cargo de nuestra propia vida, no asumir la responsabilidad de enfrentarnos a lo que de verdad queremos. Aceptamos un destino que nos obliga a sobrevivir como podemos en lugar de crear uno que nos permita vivir como queremos.

Para ser feliz es imprescindible tomar decisiones valientes. No encontraremos personas felices entre aquellos que no dan pasos hacia delante. No se puede asegurar que las personas que tomas decisiones valientes luego serán felices, pero lo que es seguro es que las personas que deciden vivir una vida que no quieren, nunca se acercarán a una vida plena.

Y es que, como dijo una vez un viejo escritor italiano, “El destino no reina sin la secreta complicidad del instinto y la voluntad”. Porque la vida de uno no se teje en las estrellas, sino en nuestra propia realidad y en el día a día, que nos va poniendo pruebas y retos para probarnos como personas.

Somos libres de establecer nuestras propias metas y conseguir nuestros propios logros, pero las casualidades existen. Y a veces son tan singulares que no podemos evitar dotarlas de ese halo de magia inexplicable. Porque a las personas, por muy racionales que seamos, siempre nos ha gustado esa pincelada singular donde contener todo lo extraño e inexplicable.

Pero creer en el destino también es renunciar al libre albedrio. Así́ que, si no eres todo lo feliz que quieres tal vez es que, todavía no te decidiste a serlo.

Mi proposición, sin preposición.

Juanma Quelle

Speaker internacional

Coach ejecutivo.Escritor

www.juanmaquelle.com