Tristeza: 7 pensamientos para combatirla

“Las nubes grises también forman parte del paisaje”

 

La emotofobia es el miedo a sentir emociones negativas. Creemos, porque así nos han educado, que debemos tener siempre controlados los sentimientos negativos y no permitirnos algo tan natural como estar angustiados, sentirnos vulnerables, molestos o tristes. Esta absurda dictadura del positivismo, de la felicidad a costa de todo y el fundamentalismo de algunos eslóganes “motiva

cionales” nos tiene un tanto confundidos. No negaré que la tristeza es una emoción dolorosa, pero también es necesaria y desde luego muy útil. Aprender a identificarla, hacerla consciente, aceptarla y expresarla es la clave para convertirla en una emoción saludable y realmente constructiva.

Sentir tristeza no es un signo de debilidad como socialmente parece que hayamos aceptado, seguro que has oído en alguna vez «que no se note que estás triste, que no llores o que llorar es de débiles», pues nada más lejos de la realidad, es importante entender que, expresar las emociones nos va a ayudar a superarlas. Nos han enseñado a evitar la tristeza, a verla simplemente como una emoción negativa, pero la tristeza es algo más. La tristeza es una emoción primaria, está presente en nuestras vidas desde que nacemos al igual que la ira, el miedo, el asco, la sorpresa o la alegría.

Tal vez deberíamos dejar de clasificar las emociones en buenas o malas y empezar a contemplarlas como simples estados adaptativos del ser humano, los mismos estados que nos permiten interpretar o disfrutar de la vida. No olvidemos que, para ser seres plenos debemos aceptar la totalidad de las emociones que componen nuestro espectro y permitirnos vivirlas todas con la misma normalidad.

No falta quien, cuando nos ve tristes, busca animarnos con las clásicas expresiones de motivación y superación personal, las mismas que con frecuencia viajan por nuestras redes sociales. Todos sabemos que una frase, un solo pensamiento ni cura ni nos alumbra el camino de salida del túnel de nuestro estado de frustración o sufrimiento. Sin embargo, sí que pueden lograr algo valioso: nos obligan a reflexionar.

En esa compleja artesanía que es entender y desenredar los nudos emocionales, tanto los libros como esos pequeños legados de sabiduría contenida en las frases de algunos autores, son ventanas que nos ayudan a despertar, puentes que nos descubren que hay otros caminos que podemos transitar y que en ellos podemos encontrar el inspirador comienzo de la solución para algunos de nuestros problemas más comunes. Por eso, me atrevo a afirmar, sin temor a equivocarme, que los pensamientos para superar la tristeza son útiles, prácticos y vale la pena tener algunos siempre a mano o mejora aun, cerca del corazón.

Pensemos por un momento que nuestra mente es como un jardín. Para tenerlo sano y lleno de vegetación, debemos ser capaces de arrancar las malas hierbas (los pensamientos negativos, obsesivos y rumiantes) y después, abonar bien la tierra, darle agua, fertilizantes y nuevas semillas que harán crecer hermosas flores. Estos pensamientos pueden ser las semillas que repartir en nuestra mente para permitirnos reflexionar, generar cambios o abrir puertas donde antes había muros. Acepta estos siete pensamientos como los siete regalos que son y haz un buen uso de ellos.

Combatir la tristeza

Mujer sonriendo

  1. 1.Nada sucede hasta que actúas.

Tus emociones no deben ser paralizadoras. No deberían defenderse, ni impedirte ser todo lo que puedes ser. Cuando surgen momentos habitados por la tristeza o el desánimo, no podemos ni debemos quedarnos paralizados. No se trata de “luchar” contra nuestros miedos o problemas, se trata de entenderlos, dividirlos en pequeñas partes, para después aprender de ellos y avanzar. No hay un solo problema que no pueda ser resuelto si se divide en pequeñas partes. Así que actúa, divide tu problema hasta que seas capaz de resolverlo.

  1. 2. Que nada ni nadie te estropee el día, aprovéchalo

Ralph Waldo Emerson fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense del siglo XIX. Sus trabajos y su visión del ser humano contribuyeron al desarrollo de lo que hoy conocemos como “nuevo pensamiento”. Una de sus enseñanzas es tan simple, como útil y rotunda: ¿por qué debemos desperdiciar lo que cada día puede ofrecernos? El aquí y ahora no volverá a repetirse. Así que recordémoslo, nada ni nadie tiene derecho a apagar nuestra oportunidad de ser felices. Quitemos poder a esas nubes oscuras que rondan en nuestra mente y aprovechemos cada segundo de nuestros días. Si el sol no sale, sácalo tú.

  1. Obsesiónate por lo positivo

No hay nada más enriquecedor y que leer algunos clásicos, como Chèjov o Dostoevsky. Siempre nos sentimos identificados con esas historias, con esos perfiles humanos. Nuestra mente no está preparada para hacernos felices, esta diseñada para protegernos. No podemos negar que la mente tiene un sesgo negativo, que las personas somos muy aficionadas a hablar de lo malo, de nuestros problemas. De hecho, rara vez pasa un día sin que escuchemos críticas o sin que alguien nos explique cuánto detesta esto y lo otro. Por tanto, sería conveniente poner un filtro a todo este tipo de dinámicas para que nuestra salud mejorase en todos los sentidos. ¿Porqué no probar a cambiar de canal?, hagamos un cambio de sentido. ¿Y si ponemos de moda la alegría? ¿Y si nos obsesionamos más por hablar de cosas positivas?

  1. El tiempo ofrece las mejores salidas

Dicen que el que espera, desespera. Aunque también dicen que la paciencia es amarga pero sus frutos son dulces. Y esto es exactamente lo que sentimos cuando el tiempo nos da un respiro y nos guía hacia la salida. Las cosas buenas siempre le llegan a quien sabe esperar, a quien mantiene la fe, a quien no se adormece, a quien sabe disfrutar de la pausa y de la incertidumbre y confiar. Cuando pensamos que hemos tocado fondo, que no hay salida, en realidad, ante nosotros puede abrirse una puerta, un universo entero. Sólo hay que detenerse y saber verlo.

  1. Sólo tienes que levantarte cada vez que te caes.

Vivir es como dibujar sin goma de borrar. Las personas nos equivocamos, cometemos errores, caemos y tocamos fondo. Sin errores no hay vida. Y no lo hacemos una sola, vez, en ocasiones tropezamos varias veces con la misma piedra ¿Debería ser esto motivo de rendición? En absoluto, en esta vida solo sobreviven los cabezotas, y lejos de entender un error como, un final o una caída como una pérdida, podemos verlo como una lección de la que aprender para intentar hacerlo un poco mejor la próxima vez. El error forma parte indivisible de cada acierto, no es necesario celébralos, pero no hay nada de malo, en coleccionarlos y aprender a cantar derrotas.

  1. Cuando el caos te supera ¿abandono o crezco a un orden mayor?

Los seres humanos somos sistemas abiertos. Ilya Prigogine, recibió el Nobel de física en 1977 por sus hallazgos sobre estructuras disipativas. Prueba que los sistemas abiertos son capaces de disipar caos y en buena lógica a mayor capacidad de disipación menor caos. Todo lo que habita y se contiene en este mundo tiene en realidad una sola finalidad: crecer. Sin embargo, en ocasiones perdemos de vista este principio, y nos limitamos quedarnos quietos, estancados por el miedo, atenazados por esa tristeza que nos oxida y nos arranca las alas. Gestiona tu caos, siéntete libre, apuesta por el movimiento, por la vida y por esas evoluciones que nos acercan a la felicidad.

  1. No te preocupes ¡Ocúpate!

La preocupación es como una mecedora, te entretiene, pero nunca te llevará a ninguna parte. Debemos asumir que la mayoría de nosotros nos subimos a la mecedora y nos dejamos llevar por el vaivén de ciertos pensamientos. Así, los miedos, las decepciones y los fracasos actúan a menudo como mareas vivas, golpeándonos con sus olas, incluso derribándonos. Preocuparnos no nos llevará a ninguna parte, sólo “ocuparnos” de aquello que nos roba la calma nos devolverá la paz. Cuando haces uso de la acción los miedos y la tristeza se desvanecen de forma efectiva.

Como ves, liberar las emociones bloqueadas y trabajar la tristeza permite activar mecanismos de defensa, como el optimismo o el sentido del humor; y con ellos la solución llegará mucho antes. Pero si en vez de dejarla fluir la oprimes, impedirás que estos mecanismos de defensa trabajen a tu favor. Seguro que más de una vez has estado triste, y también seguro de que te habrá sido más fácil superar el momento cuando has dejado que esa tristeza fluyera que cuando te has esforzado en ocultarla.

Para concluir, quiero insistir en la idea de que la tristeza es una más de las emociones que debemos permitirnos sentir, integrarla como parte del horizonte hacia el que caminamos cada día. Recuerda que las nubes grises también forman parte de paisajes hermosos.