El optimismo y el positivismo cada vez están más de moda. De todas partes nos llegan mensajes animándonos a sonreír, a sentirnos bien y ser felices. Lo que sucede es que, con una propuesta tan simple y limitada es lógico que muchas personas consideren estos planteamientos un poco inmaduros,  ingenuos o incluso infantiles. Por ello, en las siguientes líneas vamos a tratar de explicar la base del pensamiento positivo y a profundizar en la explicación de los muchos beneficios que puede aportar a tu vida.

El psicólogo y biólogo suizo, Jean Piaget, planteó una de las teorías más interesantes de la psicología, la existencia de los llamados “esquemas mentales”, patrones de pensamiento. Estos esquemas son únicos en cada individuo y como consecuencia podemos afirmar que en realidad no vemos el mundo como es, sino como somos. Lo que llamamos realidad es sólo un conjunto de sucesos que adquieren la forma de nuestros pensamientos. Son estos los que dotan de significado a lo que nos acontece, otorgando a cada evento un valor positivo o negativo.

Nuestros pensamientos definen nuestro estado de ánimo, independientemente de lo que sucede en el entorno. Por esta razón, existen personas que son felices la mayor parte del tiempo y otras que pasan la misma cantidad tiempo sumidas en la insatisfacción. No se trata de que las primeras tengan una vida privilegiada, sino de que estas personas deciden constantemente alimentar su pensamiento positivo.

Imagina tu mente como un espacio en el que habitan dos especies:  el optimismo y la negatividad. Cada día tienes la oportunidad de escoger cuál alimentar y permitir que progrese, siendo consciente de que, la que decidas cuidar irá haciéndose fuerte hasta colonizar todo tu espacio mental.

No faltará quien piense: alimento la positiva cuando me ocurren cosas buenas y la negativa cuando me va mal, eso es lo normal». Puede que parezca lógico pensar así, pero desde luego, no es funcional. Pensar así, es permitir que tu estado mental quedé expuesto a la deriva, a las circunstancias externas, a eventos que no puedes controlar. Así que, toma las riendas y elige alimentar siempre el lado positivo pues este, el único que te puede ayudar a mantener el optimismo y la motivación para seguir adelante.

Recrearte en pensamientos nocivos o instalarte en la posición de víctima no cambia lo que te haya sucedido. Al contrario, lo que hará es intensificará tu malestar y te hará percibir, únicamente más detalles negativos. Debes tener en cuenta que los patrones de pensamiento se retroalimentan: cuánto más piensas en negativo más fácil resulta a tu mente hallar motivos de frustración e insatisfacción. Y lo mismo sucede, al contrario.

Si de mi dependiera el pensamiento positivo y la felicidad se estudiaría en los colegios. De esta manera nos resultaría mucho más sencillo y natural percibir la belleza de la vida y desarrollar una actitud de gratitud. Seríamos capaces de ver la oportunidad en cada situación y afrontaríamos la adversidad con confianza y optimismo.

Sin embargo, crecemos con un patrón de pensamiento negativo. Un radar para detectar la dificultad y la injusticia, para sentirnos víctimas de la sociedad. Como consecuencia, tras años alimentando la negatividad, el pensamiento positivo nos resulta casi incomprensible. Sin embargo, recuerda que siempre estás a tiempo de cambiar la realidad con tus decisiones, de alimentar la especie correcta.

Deja morir tus viejos patrones de pensamiento y comienza a alimentar tu capacidad de ser feliz, de percibir lo bueno. Comprobarás que, cuanto más practicas, más sencillo le resulta a tu mente hallar lo positivo. No esperes y haz la prueba hoy mismo. Por muy forzado que te resulte de inicio, terminará resultándote tan natural como respirar.

La base del pensamiento positivo

Juanma Quelle