Eleva tu coeficiente de felicidad

 

Cada vez es más frecuente escuchar que la felicidad está directamente asociada a cosas como un sistema inmunitario más fuerte, una vida más plena, incluso la longevidad. Y todo esto es cierto, existen evidencias científicas que lo avalan. Lo que no significa es que debamos presionarnos para ser felices inmediatamente y transformar radicalmente nuestra vida. Toda revolución y los procesos de cambio y desarrollo personal lo son, requieren de un proceso. La felicidad se practica.

Aunque la felicidad es una puerta que se abre hacia dentro o lo que es lo mismo, está en nuestra mano, no todos estamos familiarizados con esa parte. Nos hemos pasado demasiado tiempo creyéndonos la versión de la felicidad que nos venden los anuncios de televisión o las películas norteamericanas, pensando que la encontraríamos en el siguiente lugar, en el siguiente empleo o con la siguiente pareja.  Son muchas las personas se pasan la vida buscando en lo material algo que lo material nunca podrá darles.

Si no estás entre ellas, es porque a estás alturas ya debes haber descubierto que la felicidad, está más cerca de tu capacidad para gestionar emociones, relaciones o expectativas, que de lo que algún día puedas llegar a tener en el armario en el garaje o en el banco. Nos han hecho creer que el éxito deriva en bienestar, cuando esto no siempre es así. El éxito no siempre da la felicidad. Puede aportar un poquito, pero ésta será temporal y de muy corto plazo en la mayoría de las ocasiones.

Un hallazgo interesante, y que no puedo pasar por alto, es que esto funciona justo al revés, es decir, que la felicidad si te acerca al éxito. Son las personas felices las que tienen muchas más posibilidades de alcanzarlo.  Cuando somos felices tenemos menos preocupaciones, somos más creativos, estamos más motivados, mantenemos una mejor relación con nuestro entorno, y estamos más sanos psicológicamente.

Para que no tengas que pasarte la vida buscando algo que siempre estuvo dentro de ti o frustrarte si después de cumplir con tu parte del proceso hacia el “éxito” no logras el ansiado bienestar, aquí tienes 8 herramientas para mejorar tu coeficiente de felicidad desde hoy mismo, sin esperas y con independencia de la situación o entorno en el que te encuentres.

1.- Date el permiso para sentir todas tus emociones.

Cuando aceptamos las emociones como algo natural (el miedo, la tristeza o la ira) es más fácil que las superemos. Rechazar nuestras emociones, sean positivas o negativas, nos lleva generalmente a la frustración y a la infelicidad. Vivimos en una cultura obsesionada con el placer a corto plazo y creemos que lo que realmente merece la pena de la vida es la ausencia de situaciones incómodas. Cuando tenemos experiencias de dolor tendemos a pensar que nos pasa algo malo. De hecho, valoramos como algo negativo sentir tristeza o ansiedad, cuando en realidad son emociones muy normales. La paradoja tiene lugar cuando aceptamos nuestros sentimientos, cuando nos damos permiso de ser emocionales, y experimentar emociones dolorosas con normalidad. Es entonces cuando estamos más abiertos y a las emociones positivas.

2.- La felicidad se encuentra entre el placer y el sentido.

Tanto en casa como en el trabajo, el objetivo debe ser enrolarnos en actividades que sean divertidas, pero también importantes a nivel personal, que nos aporten algo. Cuando esto no es factible hay que asegurarse de que gozamos de esos estímulos que nos producen o nos llevan a la felicidad, le dan sentido a nuestra vida, y nos provocan placer a su vez. Las investigaciones demuestran que una hora o dos de experiencias gratificantes al día pueden afectar a toda la jornada, o incluso a toda la semana.

3.- Recuerda que la felicidad depende de tu actitud

No de tu situación personal, o de la situación de tu cuenta bancaria. Exceptuando las circunstancias extremas, nuestro nivel de bienestar se determina por aquello en lo que queremos centrarnos, o en cómo interpretamos lo que nos sucede a nuestro alrededor. Por ejemplo, ¿te centras en la botella medio llena o vacía? ¿ves los fallos como una catástrofe o como una oportunidad para aprender? trabaja y refuerza tus inseguridades.

4.- Desacelera.

Generalmente vivimos muy atareados, estresados, sin tiempo para nada, e intentando exprimir al máximo cualquier actividad, de forma que realizarla nos lleve el menor tiempo posible. La cantidad influye en la calidad y comprometemos nuestra felicidad al tratar de hacer demasiado. Saber cuándo decir ‘no’ a los demás a menudo significa decir ‘sí’ a nosotros mismos.

5.- No olvides la conexión cuerpo-mente.

Lo que hacemos, o no hacemos, con nuestros cuerpos influye en nuestra mente. El ejercicio regular, dormir adecuadamente, y seguir una alimentación saludable, es decir, mantener unos hábitos de vida saludables, nos ayudan a mantener la salud tanto a nivel físico como mental.

6.- Agradece.

Con demasiada frecuencia damos nuestras vidas por sentado. Aprende a apreciar y saborear las cosas maravillosas de la vida, desde las personas hasta la comida, desde la naturaleza hasta una sonrisa. Quien aprende a agradecer convierte lo que tiene en suficiente.

7.- Practica la compersión:

si, has leído bien. Compersión, es un estado empático ligado a la felicidad. Un ejercicio de empatía y deleite cuyo mejor ejemplo es alegrarse por la alegría de otras personas, deleitare en placer ajeno. Practica la compersión, en especial con aquellas personas cercanas porqué sólo cuando la alegría de otra persona se convierta en tu alegría habrá entendido el verdadero significado de amar.

8.- Prioriza las relaciones.

El indicador número uno de la felicidad es el tiempo que pasamos con las personas que nos importan y que se preocupan por nosotros. La fuente más importante de felicidad puede ser la persona sentada a tu lado. Aprécialas, saborea el tiempo que pasáis juntos.

Para terminar un breve recordatorio. Comenzó siendo la frase con las que cierro mis conferencias, pero pronto se convirtió es una toda una filosofía de vida para miles de personas. ¡Viniste al mundo al ser feliz, no te distraigas!