Cultiva la intención en lugar de la expectativa.

“Una persona libre de expectativas sólo espera aquello que ocurra”

 

Las expectativas tienen una importante función. Nos dan una razón para luchar, para perseguir aquello que deseamos. Nos insuflan confianza, motivación e ilusión para alcanzar nuestras metas. Todos los seres humanos tenemos perspectivas sobre nuestro futuro, expectativas acerca de qué lograremos y en quién nos convertiremos. Por lo general, tenemos una serie de objetivos y de proyectos que perseguimos como si nuestra felicidad dependiera por completo de su cumplimiento o consecución.

Y ahí radica la trampa. Con frecuencia solemos perder de vista que nuestra expectativa no es equivalente a una realidad, al resultado final. Pongamos por ejemplo que queremos celebrar la nochevieja. Creemos que tiene que ser algo especial, diferente, con significado. Después de mucha planificación y logística, llega el momento. Lamentablemente, cuando estamos viviendo la experiencia, a menudo carece del brillo que le otorgaban las expectativas depositadas en ese momento. Y estamos tan apegados a la imagen que tenemos de lo que tendríamos que estar viviendo y sintiendo que nos perdemos lo que verdaderamente está pasando.

expectativa versus realidad

Todo comienza por una creencia, esa que alimentamos en base a lo que nos han enseñado, hemos aprendido y aquello que pensamos que tendría que ser. Sobre el amor, la familia, el trabajo o nosotros mismos. Las expectativas son inevitables. Ahora bien, la credibilidad que les damos, así como cuánto nos aferramos a ellas determinan cómo nos sentimos. Multitud de emociones desagradables como la frustración, la rabia, la tristeza o la ira tienen su origen en unas altas expectativas que chocan frontalmente con la realidad.

Pero ¿qué son en realidad las expectativas? y ¿Por qué nos afectan tanto cuando no se cumplen? Lo primero que es importante comprender sobre las expectativas es que sólo son proyecciones de un futuro deseable, representaciones mentales que creamos nosotros/as mismo/as y que hacen que imaginemos cuando y como deber ser algo. Son artistas expertas en pintar postales perfectas que nos encandilan con la perfección y belleza de sus trazos.

Tanto en así que en la mayoría de las ocasiones terminamos por creer en ellas como si fueran reales.  Por eso nos frustra tanto que las situaciones o las personas no se comporten como nosotros hemos pensado. Así que, a la lista de definiciones anteriores podríamos añadir, sin temor a equivocarnos, que además son el combustible ideal para alimentar la frustración.

Otra cosa que debemos saber es que nuestra mente las genera de forma automática, que no se pueden evitar, por eso es tan importante aprender a gestionarlas. Para crear una expectativa intervienen dos procesos mentales, muchas veces inconscientes: una representación mental y una secuencia de condiciones. El hecho de crear una representación mental hace que imaginemos cómo y cuando será, aunque no se corresponda con la realidad. En este punto, lo que estamos haciendo es crear una realidad ficticia en nuestra mente utilizando para ello los sistemas representacionales (VAKOG) es decir, creamosuna realidad visual, auditiva y emocional tan cercana que nuestra mente llega a confundirla con la realidad.

Esta creación conlleva que además digamos cosas, entablemos diálogos o imaginemos el sonido que habrá en esa situación. Visualicemos entornos o escenarios, incluso que anticipemos las sensaciones que obtendremos. Por otro lado, está la secuencia de condiciones, que en resumen son las cosas que deben ocurrir porque nosotros/as así las hemos imaginado.

4 tipos de expectativas comunes

Las propias: son las cosas que tú esperas de ti mismo. Son representaciones mentales que creas acerca de tu persona en determinadas situaciones y que obviamente pueden cumplirse o no.

Las referentes a otras personas: aquí, a diferencia del primer tipo de expectativas, creamos una representación mental de cómo debería que ser, comportarse o reaccionar otra persona.

 Las nos crean otras personas: en estas ya no eres tú el que crea esa representación mental, sino que la crean por ti. Por ejemplo, cuando alguien te dice que ese médico es muy bueno. No eres tú el que lo imagina, sino que otras personas han hecho que lo creas y vayas a su visita con una elevada expectativa.

Las que creamos acerca de otras personas: a diferencia del resto, son expectativas creadas sobre cómo deben vernos los demás. Por ejemplo: “tengo que caerle bien a alguien” En este tipo de expectativas suele aparecer la culpa cuando no se logra cumplirlas.

Cultiva la intención

Haz que las cosas pasen. Depositar nuestra confianza únicamente en aquello que esperamos que suceda puede tener un alto precio.  Existe cierto riesgo en alimentarnos de manera continua de deseos en los que la perfección es la regla. Por ejemplo, pensar que todo nos irá bien, que nuestra relación de pareja será ideal o que nuestras amistades serán fieles y en ellas reinará la complicidad eterna. Esto solo es una trampa cognitiva en la que el señuelo se corresponde con la creencia de que merecemos lo mejor, mientras ignoramos que lo perfecto o lo ideal no tienen que ser necesariamente lo mejor, sino aquello por lo que día a día trabajamos y nos esforzamos en común para conseguir, una felicidad tan real como sincera. Es decir, aquello que no solo se alimenta de imaginación sino de intención y de acción.

Ilusionarnos con nuestro futuro mientras miramos por la ventana es un bonito ejercicio de reflexión e imaginación, pero solo eso Esperar a que suceda aquello que deseamos, a que los demás nos traten como queremos, a que en el trabajo nos valoren, a que nuestra pareja se dé cuenta de lo que necesitamos. Mantenernos en esa posición sin dar un paso porque pensamos que nos merecemos que suceda todo aquello que esperamos es una buena manera de impedir el avance y la conexión con los demás, pero sobre todo de asegurarnos frustración.  Los demás no son adivinos, las circunstancias no tienen en cuenta nuestros deseos y el ritmo de la vida no consiste en adaptarse a cada uno de nosotros.

Así que deja de esperar y cultiva la intención. Haz que las cosas pasen. Que las realidades se ajusten a tus deseos. Las expectativas pueden ser el inicio, la semilla por la que empezar a plantar, pero para obtener la realidad que deseas hacen falta intenciones, acciones, herramientas y nutrientes. Solo así aquello que imaginamos pasará a ser real. No lo olvides, nada sucede hasta que actúas.

Q*

Juanma Quelle

Coach ejecutivo y de personajes públicos. Speaker internacional y escritor.