El dialogo interior es la clave de la emoción

¿Quién es la persona con la que más hablas cada día? Esta es la pregunta que abre el bloque sobre pensamiento positivo en mi conferencia PositivArte. Las respuestas del público suelen ser variadas y en algunos casos hasta divertidas, obviamente terminan en el momento en el que alguien contesta la respuesta correcta: conmigo mismo/a. Tu dialogo interior.

La manera en que te hablas a ti mismo determina en gran medida tu estado de ánimo. Si lo haces de forma crítica cuestionando tu potencial y creyéndote menos que los demás, te estarás convirtiendo en tu peor enemigo. Si, por el contrario, mantienes un tono positivo en esas conversaciones te verás fortalecido, te ayudará a manejar mejor el estrés y a regular tu estado de ánimo, incluso a ser más resolutivo.

Como ya te habrás dado cuenta, tu dialogo interior es clave. No sólo porque es el responsable de tu emoción, sino porque también determina gran parte de tu salud y del éxito o el fracaso en aquello que te propongas. Aclarado esto llega la segunda de las preguntas ¿Si tu mejor amigo/a te hablara como tu te hablas, seguiría siendo tu mejor amigo? Si la respuesta a esta pregunta es probablemente no, te interesa este articulo.

Todos tenemos un entrenador y un saboteador

Todos llevamos en nuestra cabeza un entrenador y un saboteador. El entrenador es comprensivo, tiende a analizar con cierta objetividad los eventos que suceden en tu vida y te anima constantemente a seguir adelante. Incluso cuando el resultado no ha sido el esperado es capaz de hacerte ver el error y de minimizar su impacto psicológico. Además, te propone aprender de la experiencia, integrar ese aprendizaje y volver a intentarlo esta vez con más posibilidades si cabe, porque ya has eliminado una de las maneras en las que no funciona.

Por otro lado, está el saboteador. Una de sus características más comunes es ser absolutista, le encanta manejar palabras como todo o nada, como siempre o nunca para dramatizar aun más el error cometido “todo me sale mal”, “nada sale como quiero”, “siempre me equivoco”, “nunca acierto” son algunas de sus frases favoritas. Le encanta minar tu autoestima, hacerte perder confianza en ti y en tus capacidades.

La principal diferencia entre las personas positivas y las negativas, entre las que logran avanzar y las que se pasan la vida dando vueltas a la rotonda sin avanzar, está en a cuál de los dos deciden escuchar.

¿Cómo te explicas los acontecimientos?

Otro de los factores que determinan nuestra emoción es el modelo explicativo, la forma en la que nos contamos los acontecimientos que suceden en nuestra vida. Es curioso observar como hay personas que reaccionan de manera negativa ante cualquier pequeño imprevisto y como eso condiciona el resto de su jornada. Basta un simple, y a menudo irremediable, atasco de tráfico para ver como a algunos conductores les llega a afectar hasta el punto de secuestrar su educación, de perder el control sobre su vida, de comportarse de una manera impropia de un ser civilizado.

Una parte de la explicación a estas reacciones está en la manera en la que se explican el evento. Imaginemos que, en una situación de este tipo el modelo explicativo que utilizamos es este: ¡no puede ser! Otra vez media hora perdida por culpa de este atasco. ¡Ya está bien!, alguien debería hacer algo. Voy a llegar tarde a la reunión de ventas, y encima ese coche se quiere colar, como si no tuviera bastante con estar aquí perdiendo el tiempo. Cuando por fin logre avanzar, aparque su vehículo y llegue al trabajo se sentirá extraño, estresado, irascible y con pocas ganas de sonreír.

Por el contrario, ante la misma situación otro conductor reacciona explicándose el evento de esta manera: Vaya, de nuevo un atasco. Voy a llamar al trabajo y retrasar la reunión. Pone su música favorita o escucha un podcast sobre ventas y durante la próxima media hora convierte su coche en una universidad sobre ruedas. Cuando por fin logre avanzar, aparque su vehículo y llegue al trabajo continuará tranquilo y sonriente. El atasco habrá durado lo mismo, treinta minutos para los dos, pero no habrá tenido el mismo efecto sobre su estado de ánimo. La diferencia no está en el evento, sino en la forma en la que decides explicártelo.

Es necesario que tomemos conciencia de que nuestro diálogo interno puede afectar de manera directa a nuestra salud, tanto física como psicológica. Esa charla limitante que recorta autoestimas, que apaga nuestro potencial, nuestros recursos y oportunidades, merece que dediquemos tiempo a cambiar su enfoque.

Un recurso sencillo para lograrlo es el siguiente: en lugar de hablarnos en primera persona (yo soy esto, por qué habré hecho aquello) lo ideal es empezar a dirigirnos a nosotros en segunda persona. Así, asumiremos el papel de ese amigo que desea lo mejor para nosotros pero que, al mismo tiempo, siempre está atento para corregir nuestros discursos mentales.

La puesta en práctica de este recurso sería algo similar al siguiente diálogo: “entiendo que estés preocupado, pero recuerda que tienes recursos para superar esto. Ya lo has hecho otras veces, así que confía en ti. Mereces lo mejor, eres fuerte, inténtalo”.

Para concluir, soy consciente de que este proceso lleva tiempo. Cambiar ese discurso interno puede costar al principio, pero si nos comprometemos con nosotros mismos, veremos cambios a corto plazo. Por eso, no me cansaré de recordarte que, suceda lo que suceda, depende de ti el estado de ánimo con el que puedes enfrentarte a las circunstancias. Tú eres quien decide como explicártelo, siendo consciente de que la manera en lo que lo hagas determinará como quieres vivir y recordar cada evento.

Para despedirme, un consejo en dos palabras: ¡Háblate bonito!